Desde la Primera Conferencia Mundial Sobre la Mujer realizada en México en el año de 1975, el Estado mexicano adquirió el compromiso de generar acciones para disminuir la discriminación contra la mujer y propiciar su avance en la sociedad, mediante la reivindicación de sus derechos. Los objetivos de esta conferencia buscaban alcanzar la igualdad, la paz y el desarrollo y del que surge un plan de acción mundial dando comienzo al Primer Decenio de la Mujer.

 

Se plantean nuevas propuestas para incidir en las políticas públicas, instando a los Estados Nación a implementar políticas encaminadas a generar igualdad de oportunidades para las mujeres, a través del empleo, salud, educación, servicios sociales, industria, ciencia y economía.

 

Los proyectos que se generaron sólo estaban relacionados con su rol como mujer (talleres de costura, cuidado de la salud de la familia, artesanías, etc.) sin tomar en cuenta el acceso desigual a los recursos productivos, asumiendo que los principales proveedores de la familia eran los varones.

 

Sin embargo fue hasta el año de 1995 en la cuarta Conferencia realizada en Beijing donde se deja de hablar sólo de “mujer” como sujeto de políticas públicas para transitar al “concepto de género”.

 

Las mujeres dejan de ser vistas como objetos de desarrollo y se transforman en agentes capaces de incidir en sus propias vidas, se pone énfasis en que el hecho de que existan mujeres en un grupo no garantiza la participación en la toma de decisiones en los diversos ámbitos donde se encuentra inserta y que reconozca y defienda sus derechos.

 

México participó y firmó los acuerdos internacionales encaminados a los alcances en materia de igualdad de género, integrándose a la Constitución de tal forma que se han creado políticas y programas con apoyo y recomendaciones de la academia y Organizaciones No gubernamentales (ONG) para el cumplimiento de los mismos. Por ello la implementación de esquemas de capacitación que permitan lograr la igualdad de género en los diversos ámbitos (rural y urbano) mediante el desarrollo de capacidades son de suma importancia, antes y durante la implementación der proyectos productivos.

 

Bajo esta premisa, SHIEG, con el apoyo de SEDEREC, capacitó a mujeres de la zona rural de la Ciudad de México en temática de género para propiciar procesos de empoderamiento mediante proyectos de desarrollo, principalmente en las zonas delegacionales de Cuajimalpa y Xochimilco, como un primer ejercicio.

 

     
 
     
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